El domingo 23 de octubre de 1988 una pareja desayunaba en el bar Gente, devanando las implicancias de una nota del diario Clarín, que daba cuenta de la revolución tecnológica a partir de la cual el mundo cambiaría.
Se había inventado y se estaba comercializando el FAX que decía el artículo, posibilitaría el envío por vía telefónica de un dibujo, una firma, un plano a quien estuviese del otro lado de la línea. Ambos, trataban de comprender como funcionaba esa maravilla tecnológica y las implicancias que podría tener en la vida cotidiana, ignorantes de que a partir de allí se modificarían las relaciones sociales, laborales y económicas de gran parte del mundo.
La precisión en la fecha está regida por un hito familiar. Al día siguiente conocieron ecografía mediante, el rostro de la hija que nació 2 meses después y la muy moderna les sonreía como si fuese normal que la espiasen en la panza, anticipando al mundo esa expresión gozosa y feliz que aún le aflora cuando está contenta.
Es paradógico comprobar con la presición que nos aportan ciertas fechas, que en 20 años la evolución de la tecnología verdaderamente nos cambió la vida. También que el mundo de las ideas, salvo honrosas excepciones, no acompaña ese proceso.
Ayer me preguntaba ¿como explicar que en esta crisis global, los libros sobre las teorías de Marx y Keynes lideren ventas en el mundo moderno?
Hoy, 25 de Octubre, Jorge Fontevechia en su columna del diario Perfil, lo explica citando a Thomas Kuhn.
“Un viejo paradigma es sustituido por otro distinto e incompatible con él”, porque los compromisos compartidos en los grupos científicos, políticos, artísticos o profesionales arrastran a las personas hacia el pensamiento dominante, y quienes opinan distinto son relegados. Hasta que la realidad hace insostenible ese paradigma. Por eso, por ejemplo, hace algunos años parecía que todos los economistas eran de la escuela de Chicago, y luego todos keynesianos, cuando probablemente la mayoría no sea ni una cosa ni la otra, pero, seducidos por la moda y los prejuicios, sinceramente crean serlo.
Kuhn llamaba a los modelos “matrices disciplinares”. El modelo era el “aspecto metafísico del paradigma” y su función era contribuir a que la comunidad funcione como un todo. Tanto para Kuhn como para Kant, el conocimiento integra el mundo de la subjetividad. El periodismo, también.

