marulalula

Entradas clasificadas como ‘HILACHAS DE HISTORIA’

“la perla y la pete” – las adelantadas del siglo XX

Julio 18, 2009 · Dejar un comentario

A “La Perla” le bastaba con declarar que “la gente bien es sencilla” para visitar a Mujica Lainez en el “Paraíso” con las mismas zapatillas Flecha que compraba en Don García, o comer dátiles en la cama mientras tejía viendo la novela con la bolsa de agua caliente. En ésta Argentina globalizada, marketinera y superficial, ante cada exceso de chabacanería que tiende a que olvidemos quienes somos, evoco esa expresión que me abriga, me protege, pero que sobre todo, me ha guiado para enseñar a mis hijos a discernir lo importante de lo impactante.

Ante cada situación solemne yo buscaba distancia, pero llegaba con un beso amoroso para susurrarme con aire distraído “ésta viuda pasó a mejor vida– ésta novia tuvo suerte porque el muchacho parece no darse cuenta- ése vestido te queda divino”, lo que invariablemente producía mi inoportuna carcajada. Hace años perdí la vergüenza de reírme en mis peores momentos y cada vez que debo afrontar uno nuevo, evoco en mi fantasía algún comentario suyo, para relajarme o simplemente pasar el mal trago.

Su casa era su reino, pero eran dos los espacios desde los que gerenciaba todo el movimiento social y familiar. Desde la mesa de juego disponía opciones culinarias: pastel de cambray o empanadas con ají puta parió – huevos quimos o isla flotante, la lista de comensales o los permisos para salir y qué debíamos usar para la ocasión. Desde su cama prodigaba cariño, mimos y enseñanzas de vida, a la vez que atesoraba debajo de ésta, en un órden caótico y personal – escrituras o documentos – lanas o revistas de moda – alhajas, dinero o chocolates, lo que explicaba sin mayores detalles – “lo importante, está bajo mi cama”.

Con La Pete, formaron una dupla como seríamos Lola y Lula si tuviésemos mas cercanía, mas parecidas a Mau y Mariqui quienes compartieron hasta hoy sus historias. Una jugaba a las cartas con expertis profesional y la otra cultivaba cleomes con idéntica dedicación. Una nos presentaba una sopa de remolacha como “borsch” y la otra definía una tela color “azul pervenche”. Cuando estudié arquitectura y me casé con un ruso, descubrí que ni el azul de ésta era pervanche, ni la sopa de la otra borsch, pero ambas nos habían aportado la permeabilidad para valorar otros mundos, otras culturas apreciables y enriquecedoras. Con los ojos de la “modernidad” – de los canales Gourmet, Utilísima y demás yerbas – confirmo que adelantaban 30 años, así nos educaron y con ello nos cargaron con otra mochila de valores atemporales.

Eran “La Perla y La Pete” y a todos aquellos amigos mas recientes que cada tanto comparten este espacio en el que exorcizo fantasmas, les aclaro que ésta evocación es sobre todo una historia de cariño y aceptación, de diferencias y semejanzas, en las que prevaleció el amor que se tuvieron y del que sus hijas seguimos disfrutando.

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

El Pato, Augusta, la Pascua y la televisión

Abril 15, 2009 · Dejar un comentario

El domingo de pascua marcaba un hito en el año – era aquel en que comentábamos las peripecias del Campeonato del Centro de la República y despedíamos a los últimos amigos cuyas familias prolongaban el verano hasta el gran evento del Córdoba Golf Club de Villa Allende.

Habíamos pasado cuatro días siguiendo a nuestros predilectos profesionales – Leopoldo Ruiz, Das Neves, De Luca, De Vicenzo – a los locales entre quienes siempre estaba un Romero y a nuestros amigos aficionados. Sabíamos que pronto llegaría la solicitud de colaborar en la batalla contra las hormigas y nos enviarían tarrito en mano a perseguirlas para que la cancha estuviese en condiciones para la próxima Semana Santa.

Hace tiempo que no camino por esa cancha de golf y reemplazo a veces ese disfrute por el moderado placer de seguir a los mejores del mundo en la televisión. Los sigo en la pantalla percibiendo de alguna manera la humedad, el viento o el calor, mirando sus ojos para adivinar como están en su ánimo, escudriñando esa actitud que todos quienes hemos practicado ese deporte endemoniado, sabemos que distingue a un ganador.

La televisión genera actitudes impensables en muchas personas y el golf comentado con espíritu futbolero me desconcierta. Este domingo cuando tenía toda la atención puesta en el rostro de “El Pato” Ángel Cabrera sonó mi teléfono. Con impaciencia levanté el tubo para escuchar la voz de mi amigo mas pre juicioso con mi deporte predilecto, diciendo:

- ¿estás viendo Augusta? ¿Pensás que Cabrera puede ganar? Yo creo que ya no los alcanza, esos tipos son fantásticos. ¿y que le pasó a Tiger? ¿che el Mickelson ese, es  bueno?


Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

20 años ¿revolución tecnológica e involución ideológica?

Octubre 24, 2008 · Dejar un comentario

El domingo 23 de octubre de 1988 una pareja desayunaba en el bar Gente, devanando las implicancias de una nota del diario Clarín, que daba cuenta de la revolución tecnológica a partir de la cual el mundo cambiaría.

Se había inventado y se estaba comercializando el FAX que decía el artículo, posibilitaría el envío por vía telefónica de un dibujo, una firma, un plano a quien estuviese del otro lado de la línea. Ambos, trataban de comprender como funcionaba esa maravilla tecnológica y las implicancias que podría tener en la vida cotidiana, ignorantes de que a partir de allí se modificarían las relaciones sociales, laborales y económicas de gran parte del mundo.

La precisión en la fecha está regida por un hito familiar. Al día siguiente conocieron ecografía mediante, el rostro de la hija que nació 2 meses después y la muy moderna les sonreía como si fuese normal que la espiasen en la panza, anticipando al mundo esa expresión gozosa y feliz que aún le aflora cuando está contenta.

Es paradógico  comprobar  con la presición que nos aportan ciertas fechas, que en 20 años la evolución de la tecnología verdaderamente nos cambió la vida. También que el mundo de las ideas, salvo honrosas excepciones, no acompaña ese proceso.

Ayer me preguntaba ¿como explicar que en esta crisis global, los libros sobre las teorías de Marx y Keynes lideren ventas en el mundo moderno?

Hoy, 25 de Octubre, Jorge Fontevechia en su columna del diario Perfil, lo explica citando a Thomas Kuhn.

“Un viejo paradigma es sustituido por otro distinto e incompatible con él”, porque los compromisos compartidos en los grupos científicos, políticos, artísticos o profesionales arrastran a las personas hacia el pensamiento dominante, y quienes opinan distinto son relegados. Hasta que la realidad hace insostenible ese paradigma. Por eso, por ejemplo, hace algunos años parecía que todos los economistas eran de la escuela de Chicago, y luego todos keynesianos, cuando probablemente la mayoría no sea ni una cosa ni la otra, pero, seducidos por la moda y los prejuicios, sinceramente crean serlo.
Kuhn llamaba a los modelos “matrices disciplinares”. El modelo era el “aspecto metafísico del paradigma” y su función era contribuir a que la comunidad funcione como un todo. Tanto para Kuhn como para Kant, el conocimiento integra el mundo de la subjetividad. El periodismo, también.

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

Casa de Tucumán “pobre patrimonio y pobre historia de los argentinos”

Agosto 25, 2008 · Dejar un comentario

Me lo advirtió Rebeca antes de partir –si te hicieron gastar kilos de polenta para representarla cuando ibas a la escuela, olvídalo, porque no es amarilla es blanquita, chiquita, me entristeció – pero Rebeca no es arquitecta. Desconozco si alguna vez fue amarilla o rosa, si alguien la conoció pintada de otro color, es bienvenido para hacer su comentario en este post.

Lo que puedo asegurarles es que los esfuerzos por destacar su importancia, la dejaron plantada en la manzana y mas desprotegida que a un muñeco de torta. Su arquitectura es la de una casa entre medianeras, pero le demolieron el entorno y lo suplantaron con “ferias de artesanías industrializadas”, limitadas con rejas que, para completar el cuadro de confusión están retiradas de la línea de edificación. Esto, que solo interpreta quien tiene una lectura técnica del espacio urbano, es percibido perfectamente por cualquier persona que tenga la imagen de las ciudades coloniales – calles estrechas - delimitadas por fachadas en una sola línea – casas de alturas similares, salvo en caso de edificios institucionales. La tristeza nos aflora a todos, cuando la encontramos desubicada, en un espacio confuso, desdibujado en lo pretendidamente jerarquizado.

Rebeca no comentó nada respecto del espectáculo de luz y sonido en nuestra “casita de Tucumán”, del que salí con gran indignación, solo amortiguada por la incomparable emoción de escuchar en la oscuridad, a Mercedes Sosa cantando una vidalita. El relato del espectáculo se estaciona en las anécdotas de la sirvienta, la señora, los carruajes, el mensajero, las tertulias y algún curioso acento sobre la batalla de Tucumán, sin explicar por ejemplo los conflictos territoriales y de poder entre criollos y patriotas, durante mas de seis años de nuestra historia fundacional.

Estamos cercanos el bicentenario de la Revolución de Mayo pero nos faltan ocho años para celebrar doscientos años de nuestra “independencia” ¿De que independencia hablamos cuando en su principal escenario histórico, no somos capaces de aceptar los grises de nuestra génesis como país? ¿Qué sociedad estamos construyendo, si todavía nos escondemos bajo la versión edulcorada del Billiken?

A lo institucional de la velada, lo aporta la lectura del acta de independencia y la mención de los firmantes, sin explicar su rol en esos años de desencuentros ni como llegaron a ese acuerdo. Luego, la infaltable cuota de patriotismo extremo, se sustancia con dos versiones de nuestro himno nacional, mientras izan la bandera en el patio del fondo. La primera recitada y la segunda cantada por agotados y aburridos asistentes, con el clásico apoyo sonoro del himno oficial.

Categorías: DE VIAJES Y OTROS CUENTOS · HILACHAS DE HISTORIA
Etiquetado:

¿genes vascos de la república argentina?

Julio 27, 2008 · Dejar un comentario

Pareciera que los argentinos aprendemos de los excesos. Cada vez que nuestra baqueteada economía se endereza un poquito, unificamos el acierto en un único responsable vistiéndolo de “santo”, para despojarlo del ropaje y del respeto al primer yerro del sujeto.

En ese proceso, perdimos protagonismo y la oportunidad de corregir abusos en la decisión sobre las cuentas públicas, el patrimonio nacional y el medio ambiente, cuestiones sobre las que tenemos el deber de controlar a nuestros representantes, para custodiar nuestro presente y asegurar el futuro de quienes son nuestros herederos generacionales.

Esta idea del “aprendizaje por el abuso” me remite a esa vieja conocida, que aplicaba una receta importada de los Pirineos, simple pero harto efectiva para la buena educación de niños propios y ajenos … el atosigamiento.

Si un pequeño osaba pedirle dos veces seguidas un helado, era invitado a la heladería donde compraba el cucurucho mas grande y otro y otro, hasta que el pequeño con los labios azules y dolor de barriga, reconociese que no podía ingerir mas. La simple declaración de que se deseaba otro plato de ravioles cuando en la fuente solo quedaba un poco de salsa, aseguraba una indigestión el próximo domingo y si algún amigo excedido en peso osaba servirse dos chorizos en un asado familiar, estaba garantizado que concluía la visita con fiebre y encallado en el baño con un severo, pero correctivo “ataque de hígado”.

Nuestra República, esa que preside los actos en el Salón Blanco de la Casa Rosada, cuya imagen ilustra nuestra moneda ¿será de ascendencia vasca? ¿habrá decidido que debemos atosigarnos para aprender a actuar como ciudadanos?

Si así fuese, me permito sugerir desde la experiencia.

Es mejor aprender rápido antes que morir en el intento.

Categorías: APUNTES CIUDADANOS · HILACHAS DE HISTORIA

los huevos de don goyo

Julio 12, 2008 · Dejar un comentario

Como todo pueblo, este tenía una zona excluyente a la hora de pensar en el aprovisionamiento diario y  concentraba singulares personajes del comercio pueblerino.

En una esquina, el negocio de  doña María quien desde la ventana de la cocina llevaba cuentas y atendía la clientela entre cacerolas y aromas tentadores. Vendía lo que quería, a quien quería y sobre todo, al precio adecuado a la cara del cliente.

En  otra esquina, el almacén de don Goyo era expresión vívida del “Don Manolo” de Mafalda, donde se expendía un poco de todo y ese todo era contabilizado con el lápiz de cuentas exactas y veloces que Goyo y su hijo guardaban tras la oreja. El hombre era viudo y casado en segundas nupcias con “La Tere”, quien con resignación, pasó de favorecida novia a despachante de lácteos y huevos.

El marketing de don Goyo eran los precios y el de doña María la calidad, para lo que no tenía empacho en aferrarse a todo tipo de argumentos. Quedó en el anecdotario popular, aquel día en que una clienta se quejó por el precio de los huevos:

- Pero María, están muy caros sus huevos, Don Goyo los vende a $3 la docena.

- Señora, no va a comparar, mire este huevo, es fresco, vea el color que tiene.

- Yo sé que sus huevos son frescos, pero un huevo, es un huevo.

- Es que hay eso que dicen es inflación, se infla el maíz, se infla el combustible y los huevos también se inflan.

- Lo comprendo María, todo está subiendo de precio, pero ud. aumentó 50 % la docena.

- Sabe que pasa? Un huevo no es igual a otro y no me compare estos huevos con los de don Goyo, que ya mató a la primera  y vaya a ver la cara que tiene la pobre Tere.  ¡Está gris esa mujer tras el mostrador! Y las ojeras le llegan al cuello, que también se le arrugó. ¡Por favor, si quiere lleva mis huevos pero compararlos con los de don Goyo, es demasiado porque esos dejan mucho que desear!

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

“henriquetta – la francesa”

Julio 11, 2008 · Dejar un comentario

“La Francesa”, se brindaba a todos con atención y dedicación, por lo que supo construir a su alrededor, una interesante familia adoptiva.

Llegó a la Argentina en épocas de oro de los FFCC y las empresas inglesas, en plan de turismo de aventura. Hasta aquí la trajeron unas tías londineneses, que la refugiaron cuando perdió a su familia en alguna guerra y entre partidos de golf, five o´clock tea y muchos dry martini, se casó con un inglés 30 años mayor que ella.

Fue así que la bella Henriquetta, pasó en línea directa de Londres a una balsa anclada en el Río Pilcomayo, mientras su marido “gerenciaba” la extracción del tanino, asolando los bosques chaqueños y hacía de las suyas con cuanta toba tuviese al frente. Del inglés – que como era de prever la dejó viuda muy joven – poco hablaba, pero se explayaba en los aprendizajes de la selva, de la mano de las aborígenes que la salvaron de morir de paludismo. Recordaba con afecto a esas mujeres que estaban a su alrededor – cuando las fiebres cedieron y la conciencia se le hizo presente – frotando su cuerpo con yuyos y tocando a la vez su blanca piel, con la fascinación de lo desconocido.

Al cabo de muchos años y variados destinos, se instaló en Villa Allende abriendo su casa como Links House, avanzada típica de la cultura inglesa, poco valorada en estas tierras por esos años. Vivía allí con su segundo marido Oscar, hombre de una bonhomía inolvidable, adaptado a los usos y costumbres de esta extranjera que supo hacer propias, algunas cosas de cada sociedad en que vivió.

Establecía las relaciones en el jardín, trajeada como una abuelita de Heidy con sombrero de paja y guantes, cultivando gerberas, peonías o gardenias en el áspero clima cordobés, con la misma facilidad con que departía con los vecinos.

Entrar a la casa suponía una aventura olfativa, para ceder al rato a experiencias innovadoras al paladar. En el lugar destacado de la cocina, una alacena con puertas de malla, guardaba el camembert esperando que hediese a zapatillas mal lavadas, las liebres, vizcachas o perdices, hasta que estuviesen bien faisandé, con una etapa previa pendiendo de la soga, para que perdiesen el pelo o las plumas, según el caso.

Hablaba tres idiomas a la perfección y podía hacerlo al mismo tiempo con diferentes interlocutores, pero era su atenta valoración del otro, lo que dejó huella en tantos hijos adoptivos, a los que supo enseñarnos muchas buenas cosas de la vida.

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

un perro de carácter

Julio 6, 2008 · 1 comentario

Es un lugar común, los perros se parecen a sus dueños. Éste, llegó a la casa desechado de otra, porque no aprendía a hacer pis en el inodoro mientras lo colgaban de los sobacos, pero rápidamente aprendió a disfrutar del transito de pretendido humano, a decidido perro.

En poco tiempo, adquirió un carácter indolente que demostraba, enroscándose en el sillón privilegiado del living, lugar que solo cedía al dueño de casa, al cabo de mutuos y prolongados desafíos con la mirada.

Tenía un espíritu burlón que demostraba celebrando las noches de luna, con un aullido intenso, agudo y muy molesto. La extraña costumbre del can, generó otra no menos pintoresca en la familia. Al atardecer, alguien salía a la tarea de cazar al perro y guardarlo en el “quesero” - nombre asignado al mueble en el que los jóvenes guardaban los zapatos – para que en ese vaho fermentado, pasase la noche. Por supuesto, nunca faltaba aquel que lo dejase escapar, otro que reclamase por su falta de sueño, ni tampoco quien con resignación y la bronca guardada entre el abrigo y el pijama, hiciese el muertito sobre el pasto helado, como única manera de alcanzar la meta.

Pertenecía a una familia en la que “usapucas”, funghis y alergias estaban a la orden del día y su parte picorosa era el “uflero”. En esas circunstancias, con cierto desprecio por los usos y costumbres, asentaba el traste sobre la alfombra, caminaba con las patas delanteras y … se rascaba, ante la mirada absorta de visitantes y extraños.

Su rebeldía era conocida en todo el pueblo y la ponía de manifiesto siempre con algo de exhibicionismo. Mordía la sotana del cura en el momento de la consagración, impidiéndole elevarse con el cáliz – desfilaba con las modelos en las pasarelas del Golf Club jugueteando con el ruedo del traje de novia – le robaba la pelota que el Negro Monguzzi dejó a 20 cm del hoyo 4, para dejársela en el bosquecito del fairway del uno, en pleno campeonato del Centro de la República – en síntesis, la rebeldía le afloraba mejor, ante mucho público.

Cierto desprecio por la propiedad ajena, lo impulsaba a robarse un peceto al primer descuido de Doña Yola Bevacqua, dejarle a Bringas un pollito muerto a los pies como prueba de su paso por el gallinero o dormir la siesta sobre las verbenas que Henriqueta cultivaba con dedicación y esmero.

Pero era su sangre torera, su afán de galán lo que caracterizó su vida y al cabo de algunos años, comenzó a mostrar los trofeos de guerra en todo su cuerpo. Cuando la fiera estaba de aventuras, llegaban noticias de todo el pueblo – que está por Saldan – que lo vi con una bóxer cerca de San Alfonso - que peleaba con unos perros en El Cóndor – y reaparecía a los días o aún meses, a reponerse antes de salir nuevamente al ruedo.

Toda esta impronta, se concentraba en escasos 30 centímetros de un perro salchicha que con tanta aventura, no era precisamente gordo bachicha, lo que expresa su fuerte personalidad y nos refiere a pensar que … si se comprobara que los perros se parecen a sus dueños … ¡que joyita de familia!

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

un señor, que además era el padre del “Gato Romero”

Junio 28, 2008 · Dejar un comentario

Tomar una revista en un sala de espera, suele ser un acto de desesperación, pero si persistimos en la curiosidad, puede ser una fuente de inspiración.

Eso me sucedió hoy, cuando pospuse la ansiedad y abriendo cualquier revista en cualquier página, me topé con los ojos brillantes y retintos de “El Alejo”. Aquel hombrón con el que compartí muchos viajes en el ómnibus de La Quebrada, al regresar yo del colegio y él de la fábrica, para bajarnos ambos, en la puerta del Golf Club de Villa Allende.

Con la perspectiva que aportan los años, me pregunté ¿de que hablábamos? Erámos vecinos, pero entre “El Condor” y “La Loma”, las distancias siempre fueron grandes y múltiples. El era un hombre grande, casado, responsable y respetuoso; yo una adolescente que trataba de vivir con normalidad, una situación familiar dolorosa y traumática. Al evocarlo hoy, descubrí su secreto.

“El Alejo” hablaba del clima, del pasto de la cancha, de cómo reconocía a cada persona desde grandes distancias, por la forma de caminar – como una huella digital, que nos distingue a cada individuo. Su vida era el golf, pero ajustaba tuercas en una autopartista para sostener a su familia y alejar a su hijo, de su propio destino, el de su hermano “El Alejito”, el de su sobrino “El Wensy”, estos también excelentes golfistas, sin chances de vivir de su pasión.

Hablaba del swing de mi madre – de quien fue caddie - de mi hermano “El Gordito”,  a quien el estudio universitario había alejado de los links, de las destrezas del Negro Monguzzi, de que tal tenía dinero pero no merecía el título de señor, porque atropellaba a sus compañeros en la casilla.

Hoy, que tengo la edad de él en esos años, descubrí que “El Alejo” se privaba de sus 20 minutos de relax, de silencio al salir de trabajar y me dedicaba ese tiempo. Lo haría tal vez porque mi padre estaba enfermo, porque era adolescente e indefensa, pero sobre todo, porque él era una gran persona, que a su manera y sin violentarme con preguntas, supo distraerme de mi realidad por 20 minutos en cada viaje.

Una segunda mirada a la foto, me devolvió el bigote y el corte de pelo de su hijo “El Gato Romero”, quien en la entrevista explicaba, el rol del padre como su referente para la vida.

Estas palabras tienen el mismo sentido, el de evocar y honrar a quien, ante todo fue un señor -inteligente, generoso, muy humano – Alejo Romero que además, era el padre de Eduardo Romero.

Categorías: DE VIAJES Y OTROS CUENTOS · HILACHAS DE HISTORIA
Etiquetado:

¿de quien era el caballo?

Junio 7, 2008 · Dejar un comentario

La jardinería, como la arquitectura, la vestimenta y hasta la gastronomía, no escapaba a la necesaria y humana banalidad de la moda. Mucho menos en esa casa, en la que la modernidad se extendía como un valor a todos los campos de la ciencia, la cultura y el pensamiento.

No eran épocas de esconderse de los vecinos y los jardines se hacían para disfrute propio y ajeno. Tan comunitario era el espacio, que no había mas delimitación entre las propiedades, que algunas plantas a modo de cerco y contra la calle, una sencilla verja de madera blanca para evitar el ingreso de animales.

Promediando el invierno, habían comenzado las tareas de estación en el jardín. Hacía años que los parterre rompieron con la perfecta geometría de los cuatro cedros y que los rock garden predominaban cerca de la piscina. Ese año, la moda eran las arvejillas, que crecerían sobre un delicado entramado de cañas y florecerían como una cortina rosada y lila.

En invierno, los vecinos liberaban el ganado para asegurarle alimento, lo que obligaba a mantener el portón cerrado, para impedirles el festín. Era de prever, alguien delegó en alguien y alguien creyó que alguien lo haría. Lo cierto es que en medio de la noche, despertaron con el murmullo del masticar equino, bajo la ventana del dormitorio.

- mis arvejillas, dijo en voz alta y desató una sucesión de acciones entre: placard, rifle, balas, ventana, postigos, disparo y cama.

- ¿le pegaste?

- tiré al aire, pero al menos lo espanté

En el desayuno, llegó Correa con preocupación, explicando que en la deshabitada casa del vecino, había un caballo muerto.

- ¿No habías tirado al aire?

- ¿Pero esta seguro Correa, que está muerto?

- Vea ingeniero, tiene un tiro al medio de los ojos y está tirado patas arriba, en el jardín de la señora Blanquita. No se me ocurre como puede haber ido a parar allí el animal, pero que está muerto, es seguro.

Entre las risotadas del cazador, se sucedían las preguntas que Correa respondía, según la cara del interlocutor.

- ¿Y las arvejillas? ¿que hacemos ahora? ¿de quien es el caballo? ¿como lo sacamos? ¿Donde lo ponemos?

- No se preocupe señora, se dio un buen banquete antes de estirar la pata, pero tengo mas plantines que hice en lo del Doctor Funes. No, no se de quien es ese caballo. Yo me voy de una corrida a pedirle a don Rivadeo la rastra y a buscar a La Reina, que la dejé pastando. Cavo una fosa en el monte y con La Reina y la rastra, lo entierro. Vaya a trabajar tranquilo ingeniero, que yo me ocupo de todo.

Por la tarde, llegó Correa, se quitó la gorra y mas relajados, intercambiaron opiniones sobre el suceso.

- Ya está todo, devolví la rastra, tapé los rastros, la señora Blanquita ni va a enterarse, quédese tranquilo ingeniero.

- Lo que no quiero, es tener un problema con un vecino del pueblo por el caballo.

- Pero si el caballo estaba en su jardín

- No, estaba en el jardín del vecino.

- Y bueno, si dejan los caballos sueltos, les puede pasar cualquier cosa. Además, vaya a saber desde donde vino el pobre bicho, con el tiro en la frente. Lo que habrá sufrido para buscar donde estirar la pata. Bueno, me voy, la patrona me está esperando con el vermouth.

- Chau Correa, gracias.

- Que agradece ingeniero, para eso me paga. ¡Ah, me olvidé de comentarle que cuando fui a pedirle la rastra a don Rivadeo, lo encontré muy preocupado. ¡No se, parece que perdió el caballo!

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA