EL PROGRAMA DE DISEÑO DE LA VIVIENDA DEL SIGLO XXI – LA ALTERNATIVA PARA ENCONTRAR MEDIDAS ADECUADAS DE UNA PAREJA.
Los reyes no eran estúpidos, sus palacios eran diseñados con un programa que contemplaba la intimidad del rey y también la de la reina. Cada uno tenía su espacio privado y jugaban a las visitas cuando les venía en ganas hacer, lo que se hace necesariamente de a dos en los aposentos.
Esa costumbre de las clases altas se modificó cuando las pestes y las guerras devastaron la población y era necesario procrear a ritmo acelerado para asegurar la continuidad de la especie, pero sobre todo de la clase. Surgió entonces la cama matrimonial, espacio horizontal compartido para el descanso, el sueño, el desvelo, la incomodidad y también el placer.
Es ése, el equipamiento que demuestra que uno mas uno es muchísimo mas que dos. No hay dimensión que alcance para suplir la falta de intimidad y ya que somos un montón en este planeta, y nada nos compele a procrear sin descanso. ¿Cuál es entonces, el motivo por el que el programa de diseño de viviendas unifamiliares quedó anclado en el tiempo? ¿Cómo explicarnos que en enormes casas, con espacio para tanta trividad eventual, el matrimonio siga obligado a compartir el dormitorio y la cama cotidianamente?
¿Como no van a cundir los divorcios, si la pareja está condenada a soportar toda suerte de aromas, ruidos, movimientos y temperaturas del otro, que ningun king size soluciona?
Pensar en dos unidades escritorio-dormitorio-vestidor no resulta abusivo, cuando el programa de diseño incluye una cava, un playroom con billar y mesa de black jack, sauna, hidromasajes, y muchos otros elementos de confort que terminan disfrutando las visitas , mientras los dueños de casa de desloman para mantener los gastos de consorcio.
En su defecto, debería incluir un cuatro “alternativo”. Un espacio al cual apelar cuando conviene apartarse del mal sueño del vecino, poner distancia hasta el nuevo encuentro o simplemente leer y escuchar música, sin recriminarse que se está alterando el descanso de ese otro que podemos amar, pero que muchas veces incomoda.