Un popular grafiti de los jóvenes modernos, reza.
“si la vida te da la espalda, tócale el culo”
ya no tan joven, me pregunto…
¿y si te da revancha, que le tocas?
Porque lo que tenemos en la mano para resolver, lo que hace a nuestro “ser o no ser”, no es la calavera de Hamlet, es la vida. Por lo tanto es algo genérico, tan asexuado que no permite distinción de vidas y vidos pero que tiene culo y por tanto es humana.
¿qué deberíamos tocarle entonces, para que no se dé vuelta y nos muestre unas duras y ásperas nalgas?
Supongo que la respuesta a este fino análisis es obvia, las hembritas diremos que un par de bolas y los varones que nuestras tetas. Estaríamos entonces, pensando solo en el venir del otro sexo.
¿Qué nos pasa cuando ese venir, viene en bajón? ¿Qué hacemos, si solo nos queda decidir por alguna parte del ir, de la deidad de la vida?
¿Y si es generosa en sus formas, de donde nos conviene agarrarnos? ¿hasta donde nos alcanzan las manos? ¿y si para colmo nos da lo mismo, con tal de que sea un culo amable?
Si la vida nos da revancha, aprendamos que adquirimos un culo nuevo sin pasar por una cirugía estética. Que ella nos lo regaló, porque le pusimos huevos pero tambien, porque supimos recibir mucho cariño, con el que desarrollamos un trasero más generoso que el de cualquier gordo de Botero.
Con esta pequeña humorada les digo: los quiero mucho, amigos y hermanos que “la vida” me dio, a veces demoro demasiado en expresarlo, pero …mi cariño está siempre con ustedes.















