marulalula volvió recargada, pero entre tanto entusiasmo y cosas para “cronicar”, olvidó que alguna vez utilizó la regla de cálculos, el tiralíneas y la máquina de escribir Underwood, lo que genera cierta debilidad ante la herramienta que hoy utiliza y sustituye aquellas antiguallas.
Eso me sucedió el viernes cuando en un rapto de insomne inspiración comunicacional, aparecieron en la pantalla advertencias sobre alguna indigestión de cookies en mi sistema.
Dado el estricto plan de reducción de volumen en el que estoy inmersa, vi la palabra cookie y pensé en unas pepitas de chocolate, apreté enter, borré las cookies, me aparecieron otros cuadros de diálogo y le di enter para que tenga esta idiota.
En media hora de frenesí porque no sabía que responder a lo que la muy pícara me solicitaba, me había convertido en algo como una paria informática. Perdí el control de mi identidad, marulalula estaba en la web, pero yo no podía administrar sus contactos, pasé 36 horas para lograr ingresar en este blog y no sé cuanto tiempo más me llevará recuperar las casillas de mail.
marulalula volvió recargada, pero nunca falta la mala ondeada que le arroje otro cascote a esta lechuza desplumada.
domingo 15 horas: el experto de la familia en sistemas informáticos acaba de asomar la nariz por la heladera. Al contarle mis peripecias sentenció:
¡No tienen nada que ver las cookies! Te dije que las borraras, pero lo que hiciste fue, vaciar el estante de galletitas, cerrar el kiosco con candado y tirar la llave al río.











