Manzana del Bicentenario – la joya de la abuela

En la manzana 20 del Casco Histórico de Córdoba  confluyeron últimamente  actores y hechos  que son observadas críticamente por personas  e instituciones especializadas en el urbanismo y la preservación del patrimonio y con esperanza por  otros sectores de la sociedad.

La modernidad llegará a la arena de los vendedores ambulantes, los inspectores municipales y los comerciantes que se resistieron  durante  20 años a abandonar su lugar para pagar gastos comunes en un shopping, de la mano de otros cordobeses, Bancor S.A., la  UTE de desarrollistas urbanos  (Edisur-MiTerra)  y el estudio de arquitectura AFT (Atelman, Fourcade y Tapia).

Esa manzana  que  vendría a ser una joya de nuestra abuela hoy pertenece  a  Bancor S.A. cuyo principal accionista es el gobierno provincial porque  la abuela era nuestra  institución financiera  – el Banco Provincia – y por lo tanto sus activos  son cosa pública.  Es joya por su tamaño y dominio – 10.000m2 de un solo dueño-  y su localización en el  nudo  donde confluyen las finanzas y el turismo.

Bancor S.A. tiene problemas de  encaje desde hace tiempo, los que vienen siendo  “observados y perdonados” por el Banco Central y es  bueno  que  en un  año electoral revisemos porqué la abuela  tiene que vender su joya, ya que fueron nuestros gobernantes apoderados.

El directorio de Bancor  en un esfuerzo por  sanear a la institución,  llamó a concurso nacional e internacional para el proyecto y ejecución de  un negocio inmobiliario que permitiría preservar edificios que forman  parte del patrimonio cultural,  tener una nueva sede central, revalorar sus activos  y facilitar la inversión del sector privado en un sector urbano   en el que la mera acción del Estado es y será insuficiente.

En contraposición, expertos  nos advierten que desde el llamado a concurso se ha puesto  en riesgo a otras joyas como Las Estancias Jesuíticas declaradas Patrimonio Mundial por Unesco, que completan  un alhajero apetecible para muchos otros negocios urbanos.

En la manzana 20 se está abriendo la puerta por vía de excepción a las normas, a sucesivas inversiones de entre 23 y 45 pisos de altura, perfil urbano que excede  largamente a los 7 pisos (21 metros) que desde hace 25 años se permiten en el casco histórico de Córdoba, cuando  se planificó  un centro de alturas  medias y grandes edificios en el borde del mismo, que evitase dejar a las joyas disminuidas o enanizadas  entre altos edificios.

Que se resuelva sobre lo que es de todos  por vía de excepción ya es malo, porque lo que sucede una vez puede repetirse  mediante  acciones  a  voluntad de los funcionarios de turno, con privados que no siempre serán tan responsables ni  flexibles a resignar su rentabilidad,  como ha comunicado la empresa adjudicataria  ante la evidencia de que los que debían  planificar y custodiar lo que es de todos – el gobierno provincial y el municipal -  no lo hicieron.

¿Qué puede pasar si la excepcionalidad se hace regla? ¿Qué si aceptamos el rol  de ciudadanos confundidos ex profeso por nuestros gobernantes? ¿Si una vez más nos callamos y luego hacemos catarsis en los blog y radios cuando los hechos  fueron consumados?

Si quieren formarse una opinión propia, desprendida de las contrapuestas que se expresan en los medios, hagan el ejercicio parándose  en la plazoleta del Fundador o la de la Compañía de Jesús,  miren hacia el edificio del Colegio de Escribanos e imaginen el paisaje que los rodea con edificios 3 o  4 veces más altos. Siéntese al sol a  tomar un café en cualquier vereda e imaginen que al frente hay un edificio de más de 20 pisos,   caminen por el circuito de las  iglesias y dibujen con la mente su contorno confinado por torres 135 metros.

En el siglo XXI la modernidad  no es vidrio, acero ni hormigón porque la tecnología permite a los diseñadores construir casi todo lo que sueñan, el desafío hoy es cuidar la calidad de vida de los ciudadanos, facilitar la inversión privada sin avanzar sobre el  patrimonio, dar la bienvenida a jóvenes profesionales que acepten el reto de lograr proyectos rentables en el marco de las leyes vigentes o  que propongan su modificación por los mecanismos que la institucionalidad nos brinda y que los ciudadanos nos hagamos cargo de nuestro rol en la discusión de la cosa pública.

En síntesis el desafío es pensar  hacia el futuro de todos los cordobeses aceptando desde todos los sectores que el árbitro es el Estado y ante  el que debemos  peticionar, demandar, requerir y cuestionar según corresponda.

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