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“la perla y la pete” – las adelantadas del siglo XX

Julio 18, 2009 · Dejar un comentario

A “La Perla” le bastaba con declarar que “la gente bien es sencilla” para visitar a Mujica Lainez en el “Paraíso” con las mismas zapatillas Flecha que compraba en Don García, o comer dátiles en la cama mientras tejía viendo la novela con la bolsa de agua caliente. En ésta Argentina globalizada, marketinera y superficial, ante cada exceso de chabacanería que tiende a que olvidemos quienes somos, evoco esa expresión que me abriga, me protege, pero que sobre todo, me ha guiado para enseñar a mis hijos a discernir lo importante de lo impactante.

Ante cada situación solemne yo buscaba distancia, pero llegaba con un beso amoroso para susurrarme con aire distraído “ésta viuda pasó a mejor vida– ésta novia tuvo suerte porque el muchacho parece no darse cuenta- ése vestido te queda divino”, lo que invariablemente producía mi inoportuna carcajada. Hace años perdí la vergüenza de reírme en mis peores momentos y cada vez que debo afrontar uno nuevo, evoco en mi fantasía algún comentario suyo, para relajarme o simplemente pasar el mal trago.

Su casa era su reino, pero eran dos los espacios desde los que gerenciaba todo el movimiento social y familiar. Desde la mesa de juego disponía opciones culinarias: pastel de cambray o empanadas con ají puta parió – huevos quimos o isla flotante, la lista de comensales o los permisos para salir y qué debíamos usar para la ocasión. Desde su cama prodigaba cariño, mimos y enseñanzas de vida, a la vez que atesoraba debajo de ésta, en un órden caótico y personal – escrituras o documentos – lanas o revistas de moda – alhajas, dinero o chocolates, lo que explicaba sin mayores detalles – “lo importante, está bajo mi cama”.

Con La Pete, formaron una dupla como seríamos Lola y Lula si tuviésemos mas cercanía, mas parecidas a Mau y Mariqui quienes compartieron hasta hoy sus historias. Una jugaba a las cartas con expertis profesional y la otra cultivaba cleomes con idéntica dedicación. Una nos presentaba una sopa de remolacha como “borsch” y la otra definía una tela color “azul pervenche”. Cuando estudié arquitectura y me casé con un ruso, descubrí que ni el azul de ésta era pervanche, ni la sopa de la otra borsch, pero ambas nos habían aportado la permeabilidad para valorar otros mundos, otras culturas apreciables y enriquecedoras. Con los ojos de la “modernidad” – de los canales Gourmet, Utilísima y demás yerbas – confirmo que adelantaban 30 años, así nos educaron y con ello nos cargaron con otra mochila de valores atemporales.

Eran “La Perla y La Pete” y a todos aquellos amigos mas recientes que cada tanto comparten este espacio en el que exorcizo fantasmas, les aclaro que ésta evocación es sobre todo una historia de cariño y aceptación, de diferencias y semejanzas, en las que prevaleció el amor que se tuvieron y del que sus hijas seguimos disfrutando.

Categorías: HILACHAS DE HISTORIA

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